lunes, 20 de enero de 2020

CARTA A MARIANA, CON ESPÍRITU INFANTIL




Querida Mariana: Soy abuelo. Algunos dirán que soy abuelo postizo, pero no es así. Porque el cariño es auténtico, así que me asumo como abuelo natural.
La historia es sencilla. Mis hijos no tienen hijos, así que no tengo nietos, pero Fanny (Fanny bonita), un día, por afecto, comenzó a decirme abuelo. Yo, al principio, me resistí, pero luego acepté tal tratamiento. Pensé que era un privilegio que la vida me concediera una nieta por afecto y no de sangre. En muchas ocasiones (la historia lo ha demostrado mil veces) los lazos afectuosos son más auténticos que los que la naturaleza nos envía. A veces, el destino permite salidas llenas de luz donde sólo parecía haber veredas oscuras.
Ella comenzó a decirme abuelo, dos días después que comenzó a decirle abuela a mi Paty. Así que, mi Paty y yo somos (gracias por la distinción) abuelos de Fanny. Ella contenta, nosotros contentos, el mundo ¡contento!
Una mañana, Fanny y yo coincidimos en el corredor cultural de la universidad donde laboramos. Nos paramos frente a una mesa donde un grupo de universitarios presentaba un proyecto empresarial, relacionado con gastronomía. Una chica le ofreció un pedazo de pastel envinado a Fanny y ella lo rechazó, dijo algo así como: “Ahora no puedo probar cosas con vino.” Yo la quedé viendo y comencé a moverme como si bailara, sonreí (cosa extraña en mí). Ella me abrazó y supe (intuición de abuelo) que ella estaba esperando pichito (se llama Matías) y que, en automático, me convertiría en bisabuelo. ¿Mirás? La vida me concedió el privilegio de ser bisabuelo a la tierna edad de sesenta y dos años. Mientras tengo amigos de generación que se divorciaron y se toparon con una muchacha bonita y volvieron a tener hijos que ahora son criaturas de ocho o nueve años de edad (¡pañales otra vez!), yo, sin esperarlo, me he convertido en bisabuelo, gracias a la generosidad de mi nieta.
Matías nació en enero de 2020. Los médicos pronosticaron que nacería en diciembre de 2019, pero, seamos honestos, la naturaleza es sabia y los pronósticos de los humanos son como los pronósticos deportivos: no tienen razón suficiente para creerles.
Matías, mi bisnieto (¡gracias Dios!) nació cuando pensó era el momento preciso, cuando los astros se conjuntaron para enviarle la luz divina.
Mi nieta, confiada en la voz de los médicos, se programó para que su amado hijo naciera en diciembre. Así que cuando ya el año estaba por terminar comenzó a desesperarse y dijo que sentía haber estado embarazada como dos años (bueno, en realidad su embarazo inició en 2019 y concluyó en el veinte veinte). Ya quería tener a Matías entre sus brazos. Matías dejó que Fanny, como diría Mafalda, llegara a la cena de fin de año con su hijo en casete (es un chiste viejo, porque ahora ni existen casetes, ahora la mamá diría que llevaba al hijo como un USB integrado); Matías dejó que a la hora en que su mami comió las uvas, una de éstas fuera su máximo deseo.
Y Matías nació. No quiso ser de la generación del 19. Es destacado integrante de la generación veinte veinte, generación que promete ser la generadora del cambio en el siglo XXI.
Sé que todos los abuelos y bisabuelos del mundo desean lo mejor para sus nietos y bisnietos. Yo, viejo que llora por todo, digo que me emociona la llegada de Matías y pido para él y para sus papás y para los otros abuelos y bisabuelos lo mejor de la vida. No sé si un día mi bisnieto Matías tome algún escrito que yo haya redactado (puede ser éste) y le diga a sus hijos: ¡Miren, este texto lo escribió su tatarabuelo!, y sonría y una línea de orgullo aparezca en su rostro. No sé si algún día, mis tataranietos muestren a sus hijos una foto mía y digan: “Es el chozno de la familia.”, y levanten una copa de vino y digan ¡Salud, en su memoria! Yo, por ahora, levanto mi té de limón (calentito) y digo ¡salud por mi nieta Fanny y mi bisnieto Matías!
Mi bisnieto Matías nació en 2020. Ha sido una bendición para este año. Este año será genial, porque ya fue bendecido con el agua del pipí del hijo de mi nieta.
Posdata: Acá está mi nieta con mi bisnieto. Ella le da la teta y él, becerrito de oro, le entra con todo. ¡Ah, la Vía Láctea! ¡Ah, la línea de vida!