miércoles, 1 de enero de 2020

CARTA A MARIANA, CON NOMBRES DE AMIGOS




Querida Mariana: Ayer dije que no publico listas de libros leídos, pero hoy comparto relación de escritores que caminaron a mi lado durante el 2019. En realidad, debo decir que yo caminé a lado de ellos, porque ellos son los que abren la senda que decía el poeta: “Se hace camino al andar.” Los lectores caminamos por los caminos que ellos abren. Debo decir que no me topé (bendito Dios) con un libro que tuviera que botar al cesto. ¡No! El año fue pródigo. Muchos títulos me fueron sugeridos por amigos lectores. Acepté sus sugerencias y obtuve hallazgos. A la lista de amigos que me han acompañado desde siempre se agregó un bonche de nuevos amigos. ¡Bienvenidos! ¡Que los dioses bendigan sus talentos y continúen prodigando sus obras!
Me llena de orgullo decir que tengo amigos de muchas partes del mundo. Este año caminé al lado, por ejemplo, de Balam Rodrigo, quien es paisano y radica en San Cristóbal de Las Casas, pero también anduve con Antón Chejov que me llevó por las estepas rusas. ¿A poco no es genial caminar, como Jesús, por encima de las aguas del Suchiate y, como si fuera La Junta, de Chicomuselo, dar el siguiente paso en el Volga?
La sentencia popular advierte: “Decime con quién andás y te diré quién sos”. Bueno, pienso (siempre lo he pensado) que hablar de los amigos escritores con los que andamos da buena cuenta de qué tipo de persona es uno.
En realidad, el año 2019 lo comencé caminando con Amos Oz (el título del libro fue providencial: “La historia comienza.”, porque con la lectura de su libro comencé mi historia de lecturas del año pasado. Uf, apenas ayer se fue el año y ya es tan distante. Así es la vida, poco a poco vamos olvidando lo que fue significativo en su momento). Amos fue un escritor israelí (por ahí, en alguna línea leí que Rosario Castellanos lo mencionaba, lo mencionaba como el joven Amos Oz.)
¿Mirás qué prodigio? Me encanta este ocio lector. Me lleva de la mano de un territorio a otro. Apenas comienzo la carta y ya fui de la frontera de Chiapas con Guatemala a Rusia y a Israel. Por supuesto que volé a más países. Caminé al lado de mi tocayo Zambra (narrador chileno), a lado de Padura (narrador cubano), con Villoro (chilango, de quien he prometido leer toda su obra para ver si descubro por qué es considerado el gran escritor mexicano de cuentos y novelas. Nada de lo poco que he leído me ha impresionado. Lo que sí debo confesar me dejó turulato fue la lectura de sus crónicas. Su libro “Vértigo Horizontal”, que fue el libro que leí en 2019, me causó una gratísima impresión. Sí, es un espléndido narrador, pero, insisto, ninguno de sus cuentos o novelas me ha deslumbrado, como sí lo hizo con sus crónicas).
También anduve (¡faltaba más!) al lado de mi admirada Joyce Carol Oates (escritora estadounidense), y caminé con un dibujante sencillo pero sensacional: Guy Delisle (canadiense). Con su libro “Crónicas de Jerusalén” hice un viaje delicioso a esa tierra que también tatuó el paso de Rosario.
En una esquina de la Ciudad de México, me topé con un viejo conocido: José Agustín, y caminé muy a gusto en su compañía. Le dije que me daba gusto verlo tan bien. Cabrón, dijo, estás hablando con el Agustín de los años sesenta, si me vieras ahora, dijo. Y ya no dije más. Uno quisiera que los viejos amigos se conservaran tan bien, física y mentalmente, como cuando tomábamos cerveza en cantinas o caminábamos por bosques llenos de pájaros y de aire limpio. Pero la vida pasa, pasa tan rápido que digo que caminé con estos amigos autores en el pasado 2019 y ahora que hago el recuento parece que fue hace mucho.
No puedo ignorar a Mario Vargas Llosa, a pesar de sus desafortunadas declaraciones políticas seniles, él ha sido un viejo amigo que me ha proporcionado momentos intensos (Mario nació en Perú, pero ahora radica, desde hace tiempo, en España). Él pasó de América a Europa. Yo, en la ficción, pasé de la Canadá, de Margaret Atwood, al Portugal, de José Saramago, y al México, de Enrique Serna. Pucha, qué viaje tan de líneas directas, pero insólitas.
Sí, cuando lo platico, no puedo ocultar decir que me siento orgulloso de estos amigos. La mayoría de ellos son tan inteligentes que estar a su lado es como caminar sobre una playa con arena tibia que recibe el beso del agua de las olas.
Si dije que mi amigo Villoro me sorprendió con sus crónicas, no puedo decir menos de las crónicas escritas por Martín Caparrós (argentino); ni puedo decir menos de la novela “Stoner” que escribió el norteamericano John Williams; ni menos de “Casas vacías”, de la paisana Brenda Navarro (por cierto, a Brenda la conocí en vivo, porque estuvo en la librería Lalilu, presentando la novela mencionada. Fue un privilegio, no todos los días está uno frente a una autora importante.)
Y, para terminar, diré que anduve con dos viejos conocidos: Xaviercito Velasco (chilango) y Roald Dahl (narrador espléndido del Reino Unido).
Posdata: ¿Mirás con cuantos compas anduve este año? Sí, me siento chento por tener amigos como ellos. Del tal Roald Dahl aprendí lo que me dijo un día que andábamos sentados en el parque central de Comitán. Palabras más, palabras menos, dijo que el principal objetivo de todo escritor debe ser no aburrir al lector. Siempre que escribo procuro seguir esa norma.
Muchos de mis amigos son espléndidos narradores, porque cuentan historias de manera inteligente, que es como decir que escriben de manera sencilla y con la suficiente malicia literaria que hace que uno se “pique” con la lectura.
Termino diciendo que conocí a una nueva amiga (ya lo dije en carta anterior). Olga Tokarczuk (polaca). Ella (no te pongás celosa) merece ahora toda mi atención, en forma imaginaria le ofrezco un té de limón, bien calientito, y le doy a probar un chinculguaj con salsita verde molcajeteada. Trato de corresponder a su generosa mano, a su inigualable talento, que comparte en forma pródiga.
Pucha, querida mía, cuántos amigos nuevos, cuántos momentos con amigos viejos. La vida es un viaje que invita a caminar por nuevas sendas y conocer nuevos amigos. Hay miles y miles que están esperando. Todos son amables, generosos.
Soy un falso. Dije que no escribo listas de libros leídos y esta carta casi casi fue una lista de libros leídos. ¡Soy un mentiroso juguetón! Bueno, ya Vargas Llosa escribió un libro con el título: “La verdad de las mentiras.”