miércoles, 25 de noviembre de 2020

CARTA A MARIANA, CON POSIBLE DEFINICIÓN DE ESTOS TIEMPOS

Querida Mariana: Mateo me lo explicó con un ejemplo. Dijo que el Torneo Mundial de Ajedrez no tiene inconveniente para realizarse: Son dos tipos sentados frente a frente, ambos no hablan, sólo se concentran en las jugadas que hacen sobre el tablero. Me dijo eso para explicarme los fundamentos de la definición de Tiempos de Ajedrez, que le da a estos tiempos. Me dijo que los espectadores están en su casa, frente al televisor y el partido de ajedrez no tiene mayor diferencia. Se juega como se jugaba antes. Bueno, salvo que, para protección de los contendientes, ambos llevan cubrebocas y caretas. Pero, le dije: no guardan la sana distancia. Nada dijo. Desvió tantito la plática y me dijo que el fútbol soccer sí tiene notables diferencias. El fútbol fue inventado para jugarlo en un gran estadio con la presencia de miles de espectadores. Dijo que no era casual que en algún momento, la selección mexicana de fútbol nombrara a los espectadores como los jugadores número doce; es decir, complementan el ambiente necesario para que se dé la magia del deporte. Hice la prueba, sintonicé un partido de fútbol, en la actualidad, y extrañé los gritos y las porras y los cantos y las olas (yo, que no soy aficionado como millones en el mundo). Sí, algo falta. Le di la razón a Mateo. Ver un partido de ajedrez en estos tiempos no significa mucha diferencia con los juegos de otros tiempos. Después de ver el fútbol soccer pasé de un canal a otro y me detuve en un partido de tenis, trasmitido en vivo. El estadio estaba vacío. Sólo los jugadores no usaban cubrebocas (porque, ¡oh, qué bendición!, jugaban en un estadio al aire libre, y mantenían una más que sana distancia). Quienes sí llevaban cubrebocas eran las chicas que corrían para recoger las pelotas (niñas bonitas), el juez y los integrantes de los equipos cercanos a los jugadores. Pensé que los jugadores de tenis no deben extrañar tanto la audiencia. Claro, cuando había un punto a favor de un jugador no había la manifestación de júbilo y los aplausos de siempre, pero noté que los tenistas jugaban más concentrados y este juego (casi casi como el ajedrez) exige una concentración total. De hecho, en partidos realizados en la antigua normalidad vi algunos partidos donde, a través del sonido local, se pedía silencio, porque la gente olvidaba por momentos que estaban frente a un deporte de príncipes (nunca faltan los advenedizos, hijos del fútbol soccer). El fútbol soccer permite todos los excesos en las tribunas. Los fanáticos apasionados beben cerveza, se orinan en los vasos, avientan los orines a las tribunas inferiores, gritan, tiran petardos, somatan tambores y soplan cornetas, se mientan la madre y se pelean. ¡Uf! Ahora, lo entiendo perfectamente, los aficionados extrañan esas manifestaciones de júbilo desbordado. Los jugadores, de igual manera, deben tener una sensación extraña a la hora del gol. Acostumbrados a que medio estadio se levante y aplauda y grite y desborde su entusiasmo con matracas y sombrerazos, deben sentir raro que la burbuja no reviente. Todo está en relación directa con el carácter del ser humano. Sí, Mateo tiene razón, hay personas que prefieren el ajedrez, otros que disfrutan el tenis y unos más que se apasionan con el fútbol soccer. Los primeros son analíticos, de pocas palabras y acostumbrados a los grupos cerrados; los aficionados al tenis (los practicantes del tenis) son selectos, seductores, casi elegidos; y los otros son más de pueblo, gozan las manifestaciones con miles y miles de congregados. Los primeros gozan del silencio, los últimos viven en medio del grito y de la explosión. Posdata: Si a mí me obligaras a decir cuál es el sector que prefiero en estos tiempos de pandemia diría, a ojos cerrados, que la personalidad de tenis, que se da al aire libre, que permite la sana distancia tan recomendable y que ayuda a la concentración y al desborde total.