miércoles, 8 de febrero de 2023

NOCHE SIN GRILLOS

A veces divido el mundo en dos. Ayer lo dividí en: mujeres que son como la noche aguada; y mujeres que son aguadas en la noche. La mujer que es aguada en la noche no sabe dónde está la puerta y cuando la encuentra se destantea porque no sabe si debe salir o entrar. Reconoce cuando está afuera de una casa y el deseo la impulsa a entrar, pero cuando está adentro de la casa y halla la puerta (después de muchos intentos) duda si entra o sale. Todo mundo sabe que al estar en el interior y abrir una puerta no queda más que salir, pero ella duda, duda siempre, a veces sale, pero en muchas ocasiones tiene la impresión que entra, que entra a un mundo desconocido. La mujer que es aguada en la noche duda si se peina para salir o se pone la pijama para entrar, siempre, como ya se dieron cuenta, anda en la burbuja de la confusión; no sabe si el peine sirve para alisar el cabello o para enchinarlo; no sabe si sus manos son para acariciar al amado o para rasguñarlo; no identifica bien los colores y confunde el negro de la noche con el negro del misterio, cuando esto sucede la noche se convierte en la antesala del misterio y ella se vuelve misteriosa y se siente gata y maúlla, trepa a los tejados y seduce a gatos desorientados. Los maullidos que da despierta a todo el vecindario, los vecinos protestan, avientan piedras y ollas; a veces una olla da en su cuerpo y esto hace que su cuerpo aguado reconozca su esencia líquida y deje de ser gata y se convierta en lo que su espíritu demanda: agua para la lluvia del cuerpo y del alma. Entonces se deja resbalar por el techo, descolgarse y caer en el pasto donde se vuelve charco. En ese momento se alarga como si fuera un lago y llama a los sapos para que jueguen en ella, instante donde un sapo siente el beso y se convierte en príncipe. La gata, perdón, el lago, perdón, el agua reconoce el milagro y se reconoce princesa. Momento en que abandona su condición aguada y se vuelve cuerpo que se contonea como gata y maúlla para que los perros ladren, para que los vecinos abandonen su malestar, se acerquen a las ventanas y admiren la belleza que pasa por delante de ellos. Los hombres entonces quisieran ser gatos o perros y aventurarse a la calle para conquistar a la mujer que es aguada en la noche, pero las mujeres que tienen en sus casas lo impiden, porque ellas están tranquilamente viendo la televisión, preparando la cena, acostando a los hijos, cortándose las uñas de los pies, orando, jugando baraja, pero si advierten que sus hombres se ponen jariosos ante la visión de una hermosa mujer en la calle, ellas también se transforman y se convierten en mujeres pesadas en la noche, se vuelven lobas y avientan sartenes, platos y, como si fueran hijas de la madre del taekwondo cinta negra, levantan la voz con la misma intensidad que los brazos y las piernas. Se ha conocido casos donde los perros en brama terminan convertidos en conejitos discapacitados. A veces divido el mundo en dos. Mañana lo dividiré en: mujeres que son como una proyección de cine en la pared, y mujeres que son como representación de sombras chinescas.