lunes, 19 de septiembre de 2022

CARTA A MARIANA, CON LUGARES PARA LEER

Querida Mariana: ¿en qué lugar te gusta leer? La lectura es un acto prodigioso, porque se puede realizar en mil lugares. Los deportes no se pueden realizar en cualquier lugar. ¿En dónde has visto que alguien juegue golf en un baño? Tuve un amigo que colocó una canasta enfrente de la taza para encestar cuando estaba sentado en el wc, tenía una dotación de pelotitas que aventaba, pero, claro, era un caso especial; en cambio, hay millones de personas que leen en el sanitario; incluso, hay personas que tienen libreros enfrente de la taza. Muchos piensan que ya es un exceso, pero cada quien con sus obsesiones. Por fortuna no existe ley prohibitiva, la lectura se puede realizar en todo lugar y a toda hora, siempre que haya el deseo. ¿Mirás lo que digo? Pocas cosas poseen esta cualidad. ¿Deseás un helado? Tenés que ir a comprarlo y el disfrute dura el tiempo que tardás en comerlo. ¿Deseás besar a tu chico? Lo mismo, no lo tenés que comprar, pero el disfrute se agota cuando sus labios ya están como trompita de pez globo. Todo deseo se agota, menos el placer del arte, y, sobre todo, el de la lectura. Los lectores podemos leer en mil lugares. Millones de lectores tienen el mismo comportamiento que tenemos vos y yo: cuando salen a la calle llevan un libro debajo del brazo. He leído en muchos lugares, en las diversas casas y departamentos donde he vivido y en ellas en muchos lugares: salas, recámaras, baños, corredores, pasillos, jardines, balcones, azoteas, gradas; he leído sentado en camas, en sillones, en hamacas, en sillas, en el piso, sobre alfombras, sobre juncia, en sillines de bicicletas fijas. En Comitán he leído en muchos lugares específicos: en el parque central, me encanta sentarme frente al portal de la Farmacia del ahorro, pero también disfruto mucho sentarme en una banca del andador que rodea al kiosco. En el andador lateral miro a muchas chicas que pasan, platican, sonríen y llenan de vida el espacio, como si fueran pajaritos; y en el andador central todo adopta una burbuja más íntima. He leído en varios parques del pueblo, en el parque de mi barrio, el de Guadalupe; una vez leí en el parque de Yalchivol, pero luego sentí que estaba muy solitario, trepé a mi tsurito y fui al parque de la Colonia Miguel Alemán, ahí me sentí más acompañado. También he leído, en una o dos ocasiones, en el parque de La Pila, escuchando el ruido hermoso de los chorros. He leído en filas, mientras espero pagar el recibo de la CFE; en salas de espera; en patios de casas de amigos; en espera del inicio de una película en una sala de Cinépolis; en el gimnasio Roberto Bonifaz Caballero, antes de un encuentro de básquetbol; en mi oficina, en el patio central y en el bosquecito del Colegio Mariano N. Ruiz; en el auditorio de la Casa de la Cultura y en el Teatro de la Ciudad, en espera de un acto cultural. Por supuesto que he leído en la biblioteca Rosario Castellanos. Olvidé decir que en varias ocasiones he leído en el parque de San Sebastián y en el salón del Centro Comiteco de Creación Literaria, que está a cincuenta pasos del parque de San Sebastián. He leído en el interior del templo de San José, cuando no se celebra algún rito religioso; asimismo, leí en el oratorio de mi casa de infancia. Más de dos compañeros de la primaria llevaban revistas de monitos en sus mochilas y a la hora de la lectura ponían la revista en medio del libro y leían. Hoy pienso que uno o dos maestros se enojaron cuando descubrieron el “engaño”. Bobos. Era hora de lectura, lo que mis compañeros hacían era cumplir al pie de la letra la encomienda. Existen decenas de testimonios de grandes lectores y escritores que cuentan que su inicio fue a través de las revistas ilustradas. He leído en aviones, barcos, autobuses, automóviles. ¿Qué fanático del fútbol puede practicar su deporte en un avión? ¿Cuál es mi lugar favorito para leer? Me encanta leer en el bosquecito del colegio, donde corre el aire y escucho el rumor de los árboles. Camino por un sendero circular, así me gusta leer, por ratos detengo la lectura y miro los pajaritos o los estudiantes que juegan básquetbol en la cancha. Esa experiencia es muy grata, me fascina estar en ese espacio comiteco, que es como mi casa, mientras el novelista me lleva a calles de Buenos Aires o de París. Cuando digo que he leído en barcos, aviones, trenes, autobuses y autos, digo que lo he hecho sobre suelo mexicano. Amador me dijo en una carta que tuvo conciencia del instante que abrió un libro y comenzó a leer en un viaje en avión hacia Madrid. Supo que leía mientras estaba encima del Océano Atlántico. Posdata: ¿vos tenés algún lugar especial para leer? Una vez te vi recostada sobre los muslos de tu novio, él leía y vos también. Él estaba recargado sobre un pino. Hay mil lugares para leer, el deseo se cumple de inmediato y es infinito. ¡Tzatz Comitán!