jueves, 1 de septiembre de 2022

CARTA A MARIANA, CON UN INSTANTE LUMINOSO

Querida Mariana: el dato es impresionante. El día 29 de agosto de 2022, en todos los medios de comunicación de México apareció la siguiente noticia: “el día de hoy, treinta millones de alumnos regresaron a la escuela”. ¡Treinta millones de alumnos! Desde preescolar hasta universidad. Fue un instante luminoso, los patios escolares se llenaron de vida. Te he platicado cómo en 2019 la Secretaría de Educación adelantó el periodo vacacional de Semana Santa, porque era inminente la llegada del virus. En el colegio Mariano N. Ruiz, como en todos los demás planteles del país, alumnos, maestros y directivos nos fuimos a casa, sin imaginar que la pandemia nos obligaría a continuar las clases en forma virtual. La crisis sanitaria obligó a concluir el año lectivo sin acudir a la escuela; y comenzó el siguiente ciclo escolar y los alumnos de primer ingreso no pisaron el aula en forma presencial, el conocimiento de compañeros y maestros fue a través de una pantalla, desde casa. En cierto momento vivimos un proceso escolar que fue llamado híbrido, con clases virtuales y algunas clases presenciales, los grupos se dividieron y los alumnos acudieron determinados días y en horas señaladas. Todo inmerso en la llamada “Nueva normalidad”, que exigió uso de cubrebocas, sana distancia y respeto de los demás protocolos sanitarios. Este 29 de agosto, treinta millones de alumnos regresaron a las escuelas; con ellos, también millones de maestros y de personal administrativo y de intendencia; y con ello se activaron millones de comerciantes y prestadores de servicios. Un día de 2019 fuimos a casa y obedecimos la orden de permanecer en ella. Los treinta millones de estudiantes recibieron sus clases en forma virtual. El 29 de agosto fue un instante sublime, los patios, oficinas y aulas recuperaron su cara plena, se llenaron de vida. Las condiciones son diferentes a los años antes de la pandemia (el tiempo A. P.), pero ya hubo un rostro más humano. La esperanza ya no fue una mera utopía, tuvo una sonrisa amable. Los edificios escolares de Comitán retomaron su vocación maravillosa de ser el segundo hogar de miles y miles de estudiantes. ¡Ah, el desborde de alegría fue monumental! Treinta millones de estudiantes, treinta millones de vidas, de testimonios, de experiencias. Salí de mi encierro para ser testigo presencial de este momento luminoso. En el edificio de Los Sabinos fui testigo de cómo muchos niños de secundaria, de primer ingreso, con cubreboca, ponían las palmas de sus manos para recibir el gel antibacterial en la entrada, muchas de esas manitas temblaban, tal vez de emoción por esta experiencia inédita. Los papás los despedían, las mamás les echaban su bendición y dictaban las últimas cuatrocientas veintidós recomendaciones. Este año a la inquietud natural de papás se sumó la situación pandémica que no ha terminado. La epidemia de la Influenza nos obligó a permanecer en casa varios días, pero luego volvimos a la normalidad; la pandemia del coronavirus nos obligó a permanecer en casa durante muchos días, exigió que la clase tradicional en el aula se convirtiera en clase virtual, todo mundo hizo uso de los equipos tecnológicos, como computadoras y celulares, para no interrumpir el proceso de enseñanza aprendizaje. Nada es comparable al contacto humano. En el tiempo A. P. nos hablamos por teléfono cuando no podíamos vernos en persona, pero en cuanto había un tiempito nos reuníamos para platicar en el parque o en el café. En este tiempo de pandemia la pantalla fue el sustituto del contacto personal. Los abuelos recibieron las video llamadas de sus nietos, vieron las caritas a través de una pantalla. El mundo entendió que la emergencia sanitaria obligaba a ello, el contagio provocaba millones de fallecimientos en todo el mundo, había que extremar cuidados y precauciones. Comprendimos que la salud es primero, no existe prioridad mayor. Las manifestaciones de amor quedaron relegadas. La gente supo que un abrazo o un beso podía ocasionar la muerte; la gente aprendió que ante esta pandemia la mayor manifestación de amor es no dar abrazos ni besos, porque no se tiene certeza de estar inmune al contagio. La recomendación sigue siendo: porque te quiero, te cuido. Posdata: cada estudiante que regresó a la escuela en este ciclo escolar 2022 - 2023 tiene una historia para contar; millones de estudiantes son participantes de un hecho social sin precedentes en los últimos años. Maestros, alumnos, administrativos y de servicios, volvimos a llenar el patio del glorioso colegio Mariano N. Ruiz, lo hicimos respetando el protocolo sanitario. Así estamos viviendo estos tiempos, pero ya nos vimos cara a cara, los de nuevo ingreso ya tuvieron la oportunidad de socializar y convivir con los compañeros. Los rostros cubiertos por un cubreboca, pero las miradas siguen mandando luz, recibiendo los mensajes de amigos y compañeros. Volvimos a vernos a los ojos. No hay como el contacto humano. ¡Tzatz Comitán!