domingo, 30 de marzo de 2025

CARTA A MARIANA, CON UNA FOTOGRAFÍA ÚNICA

Querida Mariana: quienes conocieron al famoso Nuka lo identificarán en esta fotografía que te mando. Es una fotografía única, de uno de los niños más hermosos de este pueblo. La fotografía se la tomé, en los años ochenta, en su casa de la subida de San Sebastián, lugar donde vivió hasta el día de su lamentable fallecimiento. Sí, mi niña bonita, Francisco Nucamendi Pulido murió hace algunos días. Fue una noticia que conmocionó a la sociedad comiteca, una grieta que lastimó el aire de nuestra ciudad. Mi Paty me avisó temprano, sus amigos de La Chusma corrieron la voz, porque Lili, hermana del Nuka, es amiga de ellos. Murió El Nuka y cientos de personas se manifestaron en las redes sociales. Todos los mensajes lamentaban su deceso y expresaban mucho cariño, porque Panchito fue un gran amiguero, un hombre generoso, fue uno de los niños más hermosos de este pueblo. Dentro de los mensajes hubo textos sublimes, bellísimos, que uno lamenta hayan tenido como detonante la muerte del amigo. Duele que siempre decimos Te quiero cuando la otra persona ya no lo escucha, por eso muchos dicen que los homenajes deben ser en vida. Leí textos de gran factura literaria escritos por talentosas escritoras de este pueblo: Mirtha Luz Pérez Robledo, Alba Velasko, Marvey Altuzar, Karina Cancino, ellas, talentosas escritoras, fueron grandes cuncas del Nuka; asimismo, Guillermo Montalvo publicó un texto luminoso en el periódico Al Faro. Me cuentan que la noche de su velatorio, en el Figueroa, muchos neveros y vendedores de raspados llegaron, porque él vivió durante los últimos tiempos de vender raspados (granizados atómicos) y se volvió uno de ellos, todo mundo de acá lo vio por las calles y plazas llevando con ambas manos el carrito con capacete rojo, donde llevaba el hielo y las esencias que él preparaba. Él fue hijo de Doña Lili, pero fue antes que todo hijo de la vida y vivió su vida con los dictados del vuelo en libertad, fue uno de los más intrépidos equilibristas que conoció Comitán, siempre anduvo haciendo equilibrio sobre la cinta de la vida, se entregó a vivir con todo su ser, con todo su cuerpo y con su espíritu, todo lo convirtió en el gran juego de la vida, descolgó estrellas y, también, ensartó muchas de ellas en los cielos. En esta fotografía está él, siendo niño, puberto, el niño que jamás dejó de ser, el juguetón, el irreverente, el travieso, el pícaro, el desmadroso, el pepenador de esencias sublimes. Me cuentan que El Nuka hacía recetas especiales, lo mismo sucedía con las bebidas, le encantaba probar qué sucedía si mezclaba una sustancia con otra, le encantaba probar, descubrir. Sí, así lo conocí, fue mi alumno en el Colegio Mariano N. Ruiz, al entrar al salón de clase pedía, a todos los santos, que Francisco no levantara la mano, porque sabía que no solicitaría permiso para ir al baño, sino para hacer una pregunta. Siempre, sus preguntas eran intrépidas, lúcidas, de muchachito inteligente. Pedía que no preguntara, porque mi respuesta siempre era que lo investigaríamos juntos, porque él vivía a años luz de los simples mortales, su mente era prodigiosa. Falleció muy joven, fue así porque vivió al límite, nada dejó por experimentar, su vida fue una continua mezcla de esencias, tomaba un vaso de sol y lo reunía con líneas de luna reflejada en un lago. ¿Qué producía la mixtura de un diente de ajo con la mermelada de membrillo? ¿Qué un rayo de amarillo con una línea de agua? ¿Qué un puño de emoción con un gargajo de llanto? Siempre fue un innovador, el mundo le quedaba chico, la vida le quedaba a deber. ¿Qué producía la mezcla de una migaja de estrella con los restos de un naufragio? El Nuka supo que la vida es una pieza rota, él se empecinó (a mitad del camino, sobre la cuerda del equilibrista) en darle forma, en pegar los pedazos, en dejar una vida más completa. No lo logró. Ningún espíritu humano logra que el barquito de papel no encalle en cualquier albañal. Posdata: Panchito, fue uno de los niños más hermosos de este pueblo. Medio mundo lamentó su fallecimiento, quien no lo lamentó fue él, porque se fue sin dejar ni un gajo por chupar, abrazó la vida con tal emoción que todo mundo se sorprendió con la noticia de que ya no dejaba callejón por caminar. Caminó todas las sendas y, lo más importante, abrió nuevos caminos. A ver quién es el valiente que asume la vida con tal intensidad. Pocos seres en el mundo son predestinados. Él tuvo el destino de vivir a sus anchas y a sus mangas. En esta fotografía tiene las manitas dentro del peto, al rato las sacó para repartir sus dones, para pepenar todas las maravillas de este mundo, de este mundo hecho de pedazos de cristal, de piedra, de fuego. ¡Tzatz Comitán!