lunes, 31 de marzo de 2025
CARTA A MARIANA, CON CHILE PIQUÍN
Querida Mariana: lo del chile es todo un tema. Hay un dicho mexicano muy empleado: “háblame al chile”, dicen unos; es decir, hablame sin dobleces, con la verdad.
El tío Juan se botaba de la risa, porque él lo llevaba por el lado picaresco, lo decía y se miraba hacia abajo, en la entrepierna: “hablame al chile”.
Jenny también lo festejaba, decía que era como si alguien tuviera que agacharse y agarrar el pene como micrófono: “bueno, bueno, probando”.
¿Por qué “hablar al chile” quiere decir hablar con la verdad? No lo sé, yo qué voy a saber.
Yo sólo sé que en Chile, el país, nació el poeta Pablo Neruda y él siempre habló con su verdad, una verdad con aroma de fruto. ¿Recordás que hace tiempo leímos la novelilla “El cartero de Neruda”, del escritor Antonio Skármeta, también chileno?
Neruda vivió en Isla Negra, hoy la casa que habitó es un museo dedicado a Pablo. Mi querido e inolvidable amigo Memo Del Castillo, que en paz descanse, en uno de sus viajes a Sudamérica, visitó la casa museo y me trajo una tacita de recuerdo. En casa tengo un pedazo de Chile (sin albur, sin albur, niña traviesa).
Y digo, sin albur, porque ya mirás que en México la palabra chile se presta al albur (dije que sin albur, porque eso de “presta” también sirve para el cotorreo).
La palabra chile se emplea como sinónimo de pene, debe ser por la forma. Hay chiles mira pa’rriba, chiles mecos, chiles poblanos (sólo aplicable a quienes nacieron en Puebla), pempenchile (pequeños, pero sabrosos, dicen quienes no fueron bien dotados por natura). Hay también chile ancho, sabroso para el cutis, dicen los malcriados.
A mí ni me quedés viendo. Yo sólo sé que en Chile, el país, nació la gran poeta Gabriela Mistral. Nuestra Rosario Castellanos conoció a Gabriela, en el año 1950. Cuando Rosario y Dolores Castro viajaron a España, como estudiantes del Instituto de Cultura Hispánica, se dieron una escapadita para saludar a la gran poeta chilena.
También sé, así, hablando al chile, que en Chile también nació otro gran poeta: Vicente Huidobro. ¡Pucha! Cuánta joya literaria.
Pablo clavó un clavito, un clavito chileno (sin albur). Y digo sin albur, porque no es lo mismo decir: Mario perdió el clavo de María, que decir: María se perdió que Mario se la clavara. Porque clavar también alude al juego donde el pene es invitado especial. ¡Ay, señor, qué país! Todo es falocrático.
Posdata: en la comida mexicana un platillo muy deseado es el chile de relleno. Los léperos también juegan con estos términos: te relleno de chile.
Digo que no sé, sólo sé que Huidobro escribió: “mis ojos de plaza pública / mis ojos de silencio y de desierto…”
Desierto. El poeta Sabines escribió lo que he venido sosteniendo: “...yo no lo sé de cierto…”
Una cosa es que alguien diga “hablame al chile” a que diga: ¡pelame el chile!
¡Tzatz Comitán!